Ponerle nombre a lo que siento, primer paso para poder gestionar las emociones

 

Los psicólogos trabajamos en distintas áreas de las personas: la conductual, la cognitiva, la fisiológica, la social, la afectiva entre otras. En esta publicación me referiré a esta última.

Nombrar lo que sentimos es el primer paso para gestionarlo. Cuando ponemos palabras a nuestras emociones, dejamos de ser rehenes de ellas y empezamos a recuperar el control. Para eso, primero tenemos que identificarlas.

Las emociones son muy importantes ya que cumplen una función vital: nos informan de lo que necesitamos, nos protegen y nos orientan en la toma de decisiones. No son buenas ni malas en sí mismas, sino señales que nos ayudan a adaptarnos. Por eso yo prefiero hablar de emociones agradables y desagradables, y no de buenas/positivas y malas/negativas, porque todas son funcionales, tienen una función.

En la vida cotidiana convivimos con un abanico de emociones:
🔻 Desagradables: tristeza, ansiedad, ira, frustración, soledad, vergüenza, miedo, aburrimiento.

🔹 Agradables: alivio, confianza, alegría, esperanza, gratitud, orgullo, calma, entusiasmo.

Como dije más arriba, todas son funcionales, todas son válidas. Reconocerlas -y poder identificarlas- no significa juzgarlas, sino darles un lugar.

El acto de nombrar nos ayuda a comprendernos mejor y a comunicarnos con mayor claridad, abriendo la puerta a relaciones más auténticas y a una resolución de conflictos más consciente.

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