Hay que creernos capaces de todo, si no no vamos a lograr nada.


Lo que creemos sobre nuestras capacidades determina, en gran medida, lo que terminamos logrando.

Es un concepto de Albert Bandura que me gusta mucho, la autoeficacia, esa convicción interna de que podemos manejar con éxito las situaciones que se nos presentan. No es cuestión de ser ingenuo ni de sobreestimarse; es una evaluación confiada y realista de lo que somos capaces de hacer.

Las personas con alta autoeficacia se caracterizan por plantearse objetivos más desafiantes, se esfuerzan más y persisten ante las dificultades. También interpretan los obstáculos como retos superables, no como amenazas, y se recuperan más rápido de los tropiezos.

Lo destacable -y aquí es donde quiero hacer foco- es que la autoeficacia no nace de la nada. Se construye poco a poco: con experiencias de éxito previas (aunque sean pequeñas), con modelos que admiramos, con el apoyo de quienes nos rodean y, sobre todo, con la decisión consciente de hablarnos a nosotros mismos de otra manera.

Creer que se puede aprender lo que haga falta, adaptarse a lo desconocido, sostener el rumbo aunque el panorama no esté del todo claro... la creencia es el primer paso. El resto suele venir después.

¿En qué área de tu vida estás esperando sentirte “totalmente preparado” antes de dar el siguiente paso?

Spoiler psicológico para desinflar expectativas poco realistas: rara vez nos sentimos 100 % listos. Lo que sí podemos elegir es empezar creyéndonos capaces y animarnos a actuar… y dejar que la evidencia se acumule en el camino.


 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El sesgo del superviviente

Conflictos: no se trata de buscar culpables, sino de asumir co-responsabilidad para resolverlos