Lo que parece un fin, es el comienzo de algo




Desde la psicología, los cierres no implican borrar lo vivido, sino integrarlo.


Muchas veces llamamos “fin” a aquello que duele, que nos obliga a soltar una forma de ser, un rol, un lugar, o una etapa que ya no encaja con la persona que somos hoy. El sufrimiento -muchas veces- no proviene de la pérdida en sí, sino de la resistencia a aceptar que algo ya cumplió su función. Hay un duelo que se impone. Como siempre digo, duelo es pérdida, no necesariamente muerte. Pérdida de contacto, de una esperanza, de un proyecto.

Cerrar una etapa no es fracasar, es ser coherente con el propio proceso. Sí, cuesta muchísimo, lo sé.

Cuando un cierre ocurre se abre un espacio nuevo: de aprendizaje, redefinición y elección. Ese espacio suele dar ansiedad y miedo porque todavía no tiene forma, pero también es donde aparece la posibilidad de construir algo más auténtico.

A veces el comienzo no se reconoce en el momento; se comprende después, cuando entendemos que lo que parecía un final fue, en realidad, el punto exacto desde el cual empezamos distinto.

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