Ecce Homo, un homenaje a su autora


 Hoy me enteré del fallecimiento de Cecilia Giménez, la señora de Borja, España, que en 2012 quiso arreglar ella misma el fresco del Ecce Homo que se estaba cayendo a pedazos… y terminó pintando algo indescifrable que parecía más un mono que a Jesús.


Recuerdo que una mañana fui a desayunar a un bar y en el diario vi la noticia, con la imagen de la obra. Me desternillé de risa, no podía dejar de reírme a carcajadas, la gente se daba vuelta y yo lloraba.

Era genial lo que veía, una obra pop que iba a dar la vuelta al mundo, una mujer con una vida durísima logró poner a Borja, un pueblo olvidado, en los ojos del mundo, generando ingresos por donaciones y visitas a la iglesia.

Reírnos de su Ecce Homo es reírnos de nosotros mismos: de nuestras torpezas, de nuestras búsquedas infructuosas de resultados, de nuestra falibilidad.

En un mundo donde se muestra en redes la versión perfecta de nuestra vida, ver un error tan grande, tan inocente y tan público nos libera. Nos dice “tranquilos, nadie es perfecto, está bien cagarla de vez en cuando”.

Cecilia no buscaba fama ni memes, solo quería ayudar. Y con su pincel nos dejó una lección muy mundana: a veces las cosas más humanas y valiosas nacen de un fracaso rotundo.

Gracias Cecilia, te voy a recordar siempre con una sonrisa. Bueno, más bien con una carcajada.

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